Cinco minutos de gloria o una vida de arrepentimiento

Por Clara Jiménez Cruz

Después de grandes películas sobre conflictos en su país de origen, Oliver Hirschbiegel se atreve ahora a explorar y a ahondar en las consecuencias aun latentes del conflicto de Irlanda del Norte por medio de las interpretaciones de Liam Neeson y James Nesbitt en Cinco Minutos de Gloria.

La película abre con un flasback a 1975, cuando un jóven de 16 años (al que como adulto da vida Liam Neeson) que quiere entrar a formar parte de las Fuerzas Voluntarias del Ulster se ve obligado a cometer un asesinato con el que cargará el resto de su vida. Mientras éste se prepará, en el número 37 de una calle de la localidad norirlandesa de Lurgan, un niño intenta batir su propio récord rebotando una pelota  contra la pared: una pelota que termina marcando la cuenta atrás a la muerte de su propio hermano, de la que él será testigo. El personaje de James Nesbitt crecerá acarreándo el peso de la culpa en una familia destruida por el asesinato en la que su propia madre le hace responsable del mismo. En una supuesta Irlanda de paz, un programa televisivo reúne a ambos personajes con el fin de que se conozcan y sirvan de ejemplo al resto del pueblo Irlandés: como símbolo de que se pueden cerrar las heridas. Sin embargo, este programa de televisión significa cosas muy diferentes para los implicados.

Esta película, ganadora en el Festival de Sundance al premio de mejor director y mejor guión, nos habla del conflicto de Irlanda del Norte y de sus consecuencias. Plantea que aunque la imagen que se construya ahora de la situación es de paz y armonía, siguen latentes cuestiones fundamentales que no puede borrar un tratado de paz: el odio, el arrepentimiento, la sed de venganza son todos sentimientos que están latentes en una sociedad desgarrada que tardará aun hoy mucho tiempo en recuperar la normalidad no sólo porque siga habiendo atentados como el de esta noche, si no porque además cada individuo presenta un conflicto personal del que, como ejemplifican los personajes, cada uno debe trabajar individualmente para salir de él, y así también, cada uno ha de tomar sus propias decisiones, que tienen un cariz muy diferente dependiendo de la luz bajo la que se miren.

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3 Respuestas a “Cinco minutos de gloria o una vida de arrepentimiento

  1. Me gusta comentar las pelis antes y después de verlas. Ésta no la he visto, así que va mi comentario previo: de entrada, me chirría el cliché estético invertido “bueno-malo” de los protagonistas. Porque -y hablo desde la perspectiva española- nunca he visto ojos de asesino en ninguna víctima.

  2. Clara Jiménez Cruz

    Yo no creo que éste sea el caso (aunque siempre depende de los ojos del espectador). Pero como ya comentamos en el programa, la caracterización de los personajes te lleva a la identificación con el asesino y la perfecta comprensión de las ganas de sangre de la víctima.
    ¡Espero ansiosa tu respuesta post-visionado, a ver si cambias de parecer o sigues sin comprar el argumento! Al fin y al cabo, todo son cuestiones personales.

  3. Pues gracias por esperar mi rollo-respuesta, así que ahí va… 🙂

    Bueno, de este director he visto “El experimento” e “Invasión”; junto con la que acabo de ver, son ya tres las historias en las que sus temas me despiertan espectativas que luego no se cumplen. Y me fastidia que este hombre nunca consiga exprimir toda la naranja. Ya ves por dónde voy…

    Sobre el comentario previo al visionado, estoy de acuerdo con vosotros en que la caracterización de los personajes pretende llevarnos a la identificación con el asesino por empatía. Pero creo que se queda en un vano intento sin fruto al no ser munición suficiente para tamaño propósito.

    Los principales fallos en esta cinta son, a mi juicio, dos: primero, descansa sobre monólogos el excesivo peso de unas emociones tan complejas, en lugar de utilizar acción visual, que resultaría más cinematográfica; segundo, en mi opinión, Hirschbiegel se equivoca al equiparar en el montaje dos puntos de vista subjetivos tan dispares. Si más del 99% de espectadores no somos asesinos, no podremos conectar nunca -desde el principio- con ese adolescente que mata por un entorno social que el director ni siquiera nos ha mostrado (y los enfrentamientos con los militares no bastan, pues tampoco conocemos la vida de ninguna víctima). Para explicarme mejor, el ejemplo universal: Kubrick sí utiliza magistralmente la subjetividad cuando nos deja compartir el flipe de Wendy al ver por primera vez los ciento y pico folios manuscritos de Jack, y del que -a esa altura de la historia- ya sabemos que tiene síndrome de abstinencia, frustraciones profesionales, que hizo daño a su hijo pequeño y que hace un rato acaba de soñar con trocear a su familia. Ahí todos sentimos el miedo atroz de Selley Duvall, sin dejar de conocer desde dentro la mente de Jack. Pero somos ella, sin duda. Es decir, cuando un buen director sabe lo que quiere contar, sabe hacia dónde y cómo conducir al espectador. Otro ejemplo es Paul Haggis, demostrando ese dominio en cada choque de los personajes de “Crash” entrecruzándose. Pero mejor no entrar ahí.

    Resumiendo, no he conseguido vivir el drama que plantea al no mostrar el entorno social que empuja al personaje de Liam al asesinato y no comprendo sus causas de su arrepentimiento. No entiendo a la madre que culpa al pequeño sin venir a cuento, ni sé nada de la relación de éste con su hermano mayor. Ni siquiera el planteamiento del programa televisivo queda resuelto. No muestra nada que sea importante para la historia y la haga avanzar. Nacing de Nacing. Así que ya sabes, Oliver Hirschbiegel, ¡a espabilarse!

    De todos modos volveré a verla en VO, para ver si concentrándome en la interpretación de los personajes aprecio algo más la historia. Lo único que me gusta de ella es la idea, y la interpretación de James Nesbitt cuando, curiosamente, más recuerda a la de Nickolson en el “Overlook Hotel”.

    Un saludete!

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