“Lourdes”: El milagro probable

Por Miguel A. Delgado

Asomarse al planeta Lourdes es ejercicio de alto riesgo. Uno puede quedarse atrapado por las numerosas trampas diseminadas por el camino, y el peligro de irse hacia las posturas extremas demasiado evidente. No en vano, en pocos lugares como éste llegan a confluir tantos sentimientos, esperanzas y demostraciones de lo que somos los seres humanos, y no sólo en lo espiritual. Por eso, lo primero que maravilla de una cinta como ésta de Jessica Hausner es que respete enormemente al espectador, ofreciendo una mirada poliédrica en la que el escenario de un posible milagro es tan importante como las personas que pasan ante nosotros: enfermos que buscan su sanación, otros que acuden sólo porque no tienen otra cosa mejor que hacer, voluntarios convencidos y otros que se lo toman sólo como una manera más de pasar un tiempo de vacaciones no muy distinto de un campamento de verano… y, finalmente, quien camina por allí como quien va coleccionando souvenirs o fotos, esperando cruzarse con un curado como quien busca contar que se ha subido en la última atracción de moda de un parque temático…

Lourdes plantea muchas preguntas, pero apenas da respuestas, por más que algunos de los personajes, o de las escenas, ofrezcan posibles alternativas que el espectador es libre de escoger si lo desea. Porque puede haber un sentido profundo en lo que pasa ante nosotros, o tan sólo la acumulación de casualidades sin sentido. Y gran parte del mérito reside en una dirección de actores soberbia, con una Sylvie Testud capaz de emocionar sin aspavientos, sólo a través de la profunda humanidad de quien siente que todos están viviendo por ella una vida que parece pertenecerle, a pesar de ser, con mucho, el personaje que más sinceamente sonríe de todos los que vemos.

Llena de planteamientos y dudas, de cuestiones que atañen tanto a la fe como a nuestro comportamiento personal ante el dolor de los demás, y la inconsciencia de que en algún momento podemos ser nosotros los tocados por la mala fortuna, Lourdes da argumentos de sobra para debatir sobre el dolor y la manera en que las instituciones, religiosas o no, intentan dar respuesta a algo cuya aceptación es difícil, tanto desde la perspectiva de la fe como de su ausencia.

En definitiva, la directora tiene su propia opinión, y es evidente que se desliza entre los fotogramas de la cinta. Pero su respeto por el resto de los personajes (salvo, quizá, por la pareja de cacatúas humanas que parecen moverse por las calles de Lourdes más como las ociosas domingueras que visitaran alguna colección de animales curiosos) es máximo, consciente de que las caricaturas fáciles, tanto de los creyentes como de los descreídos como de los simplemente indiferentes, están ahí acechando.  Que consiga terminar su trayecto soslayando el peligro dice de su extraordinario pulso como cineasta; no menos extraordinaria que esta rara visita a ese punto, aparentemente imposible, donde el sufrimiento y la frustración de muchos pueden entrecruzarse con la esperanza de otros. No explica nada, no demuestra nada, pero nos interroga… y lo que es más importante: nos hace dueños de nuestras propias respuestas. Casi nada.

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Una respuesta a ““Lourdes”: El milagro probable

  1. Me parece una propuesta interesante y todo un desafío, dado el contexto actual. Gracias por la recomendación.

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