Voces fuera

Por Silvia García Jerez

Decía Dirk Bogarde que la voz de un actor supone el 80% de su interpretación. O sea, que si tomamos en serio sus palabras, la mayoría del público de nuestro país aprecia sólo el 20% del trabajo de todo aquel que vemos asomarse a la pantalla. Y ese 20% en muchos casos, no depende de él, ya que se trata del vestuario, de la peluquería, del guión que le hayan dado, de lo bueno o malo que sea el director o del nivel interpretativo que tengan los actores que lo acompañen en el reparto. Nivel que también apreciaremos en sólo un 20% si vemos la película doblada.

Nunca entenderé la razón por la cual hace muchos años a todo el mundo le pareció tan correcto que a Milli Vanilli se les echara de la industria musical por no ser ellos quienes cantaran en sus discos y sin embargo vemos tan normal que a Tom Cruise, que no habla ni papa de español, por obra y gracia del doblaje, en todas sus películas domine la lengua de Cervantes con más perfección que muchos nativos. O la mismísima Jennifer Lopez, cantante… o al menos discos graba… que a la hora de ver en un largo, nos permitimos eso, sólo verla.

Los espectadores que no aceptan la versión original no comprenderán por qué toda Inglaterra al completo calló sus críticas emitidas a la elección de Reneé Zellweger cuando la vio convertida en la inglesa literaria más famosa de los últimos años: Bridget Jones. Que una tejana fuera a interpretarla levantó al país de la puritita indignación y todo él se arrodilló luego ante el prodigio que supuso su acento transformado. Y la nominaron al Oscar. Ella lo perdió, pero quien sí lo ganó, bajo mi punto de vista por el mismo acierto, fue Gwyneth Paltrow al bordar su trabajo vocal  en Shakespeare in love. Si no la has visto en versión original no la aplaudes igual.

Dicen que España tiene una de las mejores industrias de doblaje del mundo. Lo mismo me da. A un actor no se le puede arrebatar su voz. Es como cortar un trozo de Las Meninas: el arte no se adultera. Ni para mejorarlo, caso de Ramón Langa sustituyendo a Bruce Willis, ni para empeorarlo, como cualquiera que ose suplantar a Philip Seymour Hoffman. Simplemente, eso no se hace. No sé por qué el Ministerio de Cultura no interviene en esto, es como si el tema no se pudiera tocar. Muchos intereses. Mucho dinero en juego. Lo que tenemos que hacer es abandonar tan feo hábito, acostumbrarnos a escuchar las voces originales. No es tan complicado y da muchas satisfacciones. Fijaos si no en lo que se ha alabado el trabajo de Luis Tosar en Celda 211. Calculad ahora la de talento extranjero que nos estamos perdiendo.

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